Y... bueno... se acabó. No sé si algunos me entienden pero me encanta poder explicarme y esta vez lo haré así como siempre escribo luego de mis grandes experiencias. Este mundial ha sido hermoso. Yo quería que la copa se quede, ya saben, cerca de nosotros. Por aquí... en latino américa. Pero me quedo conforme porque el país que levantó la copa se lo merecía con todas las fuerzas del universo. Sin embargo, además de estos partidos, penales, piconerías (que yo tuve y muchos también la tuvieron, no me digan que no), además de haber renegado porque no ganaba el equipo que yo alentaba algunas veces, o porque Holanda le volteó el partido a México (NO LO PODÍA CREER, y eso que me rehusaba a elegir a un ganador entre ellos dos), además de haber sentido impotencia por algunas injusticias, que no quiero mencionar, porque ya ni al caso y de cosas feas no va a tratar este post, además de todo eso sentí cosas muy hermosas que sólo el deporte nos puede dar. Y sí, lo generalizo a "deporte" porque cada quien tiene su pasión más grande en su deporte favorito. En fin, como dije, yo quería que la copa se quede por aquí, y al mismo tiempo me quedaba con la boca abierta frente a Holanda o frente a Alemania, que me cerró el pico con la gran actitud y el gran fútbol que me regaló (bueno, siempre me parecieron admirables, claro, pero ahora fue imposible no admirarlos más!). Sin importar los resultados, quiero dejar algunas cosas plasmadas aquí aunque sé que no es necesario porque se van a quedar en mí de todas formas. Yo desde muy pequeña le regalé mi vida y mi corazón al básquet. No es lo mismo, lo sé. Pero sé lo que es jugar en una cancha con nervios y lo que es amar a una camiseta. Sé lo que es amar a tu equipo. Y también sé que vivir un mundial debe ser multiplicar esto por mil. Lo importante para mí ahora es quedarme con que el arquero de USA rompió el récord de más atajadas en un partido de un mundial, me quiero quedar con el equipo y la familia que vi en Colombia, me quiero quedar con los abrazos que los brasileros le dieron a James cuando lloraba, me quiero quedar con esos goles que no me esperaba y esos que pude predecir, me quiero quedar con ese gol que Ghana le metió a USA gracias a un pase de taquito que fue IMPRESIONANTE, me quedo también con los equipos que ganaron en el último minuto, me quedo con cada equipo que pisó el mundial (menos Portugal… no, mentira), porque sé lo que es querer algo y prepararte para ello. Me refiero, claro, a los jugadores y sólo a ellos (porque muchos hinchas dejaron mucho que desear) que son los que deben pararse en una cancha a dar todo de sí, me quedo con los jugadores que fallaron goles y los que metieron goles, me quedo con esos que fueron criticados por su propio país injustamente. Me quedo, hoy, con los minutos que Irán se defendió, me quedo con Colombia (sí, lo repito, porque Colombia es genial) y su sencillez tanto de jugadores como de su público. Me quedo con las sorpresas, me quedo con Chile y Costa Rica, con sus ganas y su fuerza. Me quedo siempre con mis buenos comentarios sobre Robben, no me importa si es actor o no, ¡juega demasiado bien! Me quedo con la frente en alto y la garra de los uruguayos, que en ningún momento se picaron ni justificaron nada con la ausencia de un jugador. Me quedo también con cada jugador que le extendió la mano al que había caído sin importar de qué equipo era, me quedo con Italia, que son unos maestros, igual que España. Me quedo con los goles que grité con emoción y con los hinchas bravazos como el señor de Brasil que abrazaba su copa. Me quedo con los bailes de Colombia, con la limpieza de los japoneses, con las emociones de los mexicanos, con su entrenador siendo aplastado por todo el equipo JAJA. Me quedo con Argelia vs. Alemania y con la carta que una niña le escribió a David Luiz. Me quedó con el perdón que le pidió a su gente y que no tenía por qué pedir. Guardaré también la velocidad de Argentina y su mejora en cada partido que seguía, guardaré en mis manos cada lágrima de cada jugador, me quedaré con Costa de Marfil, porque todos lloraríamos ante nuestro himno nacional. Me quedo también con Brasil, el grande, me quedo con Brasil sea el marcador que sea. Y queda en mí la humildad de los alemanes y perdón si les parece repetitivo pero como persona es algo que me marcó mucho y que considero todos deberíamos aprender. Tendré siempre una gran admiración por los deportistas verdaderos y por los equipos verdaderos. Guardaré todos estos sentimientos que sólo un deporte y un equipo nos pueden dar. Y guardaré, por siempre, este precioso mundial.
domingo, julio 20
jueves, marzo 28
So sorry
Me desperté y cogí mi celular. No había ninguna mensaje de él, aún. Seguro seguía dormido, total, todavía era temprano. Pero yo estaba muy ansiosa para retomar el sueño: después de mucho tiempo íbamos a tomarnos un día sólo para ambos, lejos del trabajo o cualquier otra responsabilidad. Me tomé todo el tiempo del mundo para servirme un rico desayuno. Prendí la tele y estaba dando el típico programa mañanero para mujeres. No me molestaba. Nada me podía molestar.
Dejé mi plato en el lavadero y salí de la cocina. No tenía ganas de lavar.
Caminé por la casa. Rodeé la mesa. Entré a mi cuarto. Abrí mis cajones. Salí de mi cuarto. Pensé en qué ponerme. Hoy no quería buzo y zapatillas. Entré a mi cuarto, vi mis blusas, mis pantalones, mis faldas, mis vestidos. Y salí de mi cuarto.
Nada me apuraba, aún era muy temprano. Me eché en mi cama y la tele seguía prendida. Me acordé de esa linda falda de flores que nunca me había visto puesta. Salí a bañarme, y usé ese rico shampoo de mi mamá que sólo uso cuando me siento muy linda.
Me quedé sentada en bata sobre mi cama por un rato. Vi por la ventana que no había tanto sol, pero eso no importa porque tengo una linda chompa que me acababan de regalar y va perfecta con la falda. Me vestí y me vi al espejo un par de veces. Guardé las perlitas chiquitas que siempre uso como aretes y hoy escogí unos pendientes largos.
miércoles, febrero 6
Si de vida se trata
Si de vida se trata, quiero vivirla entera a tu lado. Que aprendí que las cosas son mejores al compartirlas contigo. O quizás soy yo quien, al tenerte cerca, mejora; quizás es a mí a quien se le agudiza los sentidos y, de pronto, sólo a tu lado, soy capaz de percibir detalles, grandiosos y escondidos detalles: como la forma de mover tus manos, como el bajo de Paul McCartney, como un “Yeah” de John Lennon, como los diversos matices que existen de colores, como el olor de tu ropa lavada, y poder distinguirlo del olor de tu perfume, y a la vez distinguir este del olor de tu propia piel. Como la peculiaridad de las películas de Woody Allen, como una estrella fugaz en el cielo, como la extrema delicia del mar del Silencio, como el sabor del limón con leche condensada, como la importancia de ahorrar… y de creer en la suerte, de tener fe, de sentir que sí se puede. Como lo lindo que es que me digas que estoy bonita, como lo mucho que me gusta que me engrías. Como la vida. Ese gran e importante detalle, que a muchos se les escapa, y que a mí se me escapaba hasta el día en que nos conocimos: la vida misma. La esencia de la vida. Qué maravilloso es poder compartirla contigo.
Haber aprendido a vivir ¡La vida contigo! Pensar, no pensar, actuar, errar, llorar, reír, crecer, madurar, en fin, correr, saltar, bailar, cantar, pintar, comprar, buscar, encontrar… ¡La vida contigo! Es tener un compañero, mi mejor amigo, con quien avanzo codo a codo, con quien puedo ser completamente yo, sinónimo de comodidad plena. La vida contigo es incondicionalidad, complicidad... es mirarte a los ojos y decirte “te amo” y, sobre todo, sentirlo. Sentirlo con todo mi ser y toda mi voluntad: te amo.
viernes, diciembre 21
Cuando me deprimo
no voy al gimnasio y como mucho. Y cuando me animo, me deprimo porque me veo gorda.
jueves, noviembre 22
Ensayo
Juguemos a querernos. Reconóceme antes de que se abra el
telón. Y, cuando aparezca el público, finjamos que desapareció. Que el humo nos
envuelva, que sea un intento de sueño.
Pero el humo es demasiado,
que salgan los asmáticos.
Y ensayemos el amor.
Encontré este pequeño texto que se estaba empolvando, lo escribí hace mucho, incluso lo había olvidado. En fin, yo quería, más que todo, en esta entrada, ¡¡agradecer a la gente que sigue aquí!! Ha pasado tanto tiempo, y saber que siguen rondando cerca a la mandarina significa mucho para mí.
GRACIAS :)
lunes, octubre 15
Mucho más
La noche, las estrellas, el tiempo, los dedos entrelazados, tu mirada, tus ojos posados en los míos, las conversaciones, los primeros besos, tu compañía, tu rostro, una sonrisa dibujada en él, la música, el volumen alto, un Pisco Collins, un Maracuyá Mojito, una canción de los Beatles, una bolsa de gomitas, una mesa en el ancla, un abrazo, un Herber de pera, las películas, los tributos, las reconciliaciones, las cartitas en medio del trabajo, una nota atrás de una boleta, las llamadas por teléfono, tu forma de bailar y
una tarde, un programa de televisión, Edgar Allan Poe, los dibujos animados antiguos, las cosquillas, los juegos, los dibujos, los libros, una clase de antropología, las galletas de vainilla con leche condensada, seis muffins y una velita, las risas, tu guitarra, tu familia, las camisas a cuadros, la mejor compañía y una relación.
La relación que vas más allá de la etiqueta de "enamorados". Tú eres más que eso. Tú eres la persona, la única, con la que puedo conversar de absolutamente todo. No importa si es absurdo, puede ser profundo, puede ser complicado, puede ser cualquier tontería: es bueno saber que siempre vas a estar aquí. Eres al que acudo cuando tengo miedo y cuando no, porque lo malo contigo disminuye y lo bueno se multiplica. Eres la mano que siempre quiero tomar al caminar, porque desde que llegaste, sé que todo es mejor al compartirlo contigo. La persona que se ganó toda mi admiración, por lo que eres, por lo que piensas, y por cómo actúas, y por todas tus emociones que te hacen completamente humano y, sin embargo, te regalan una esencia sobrehumana. Eres la única persona que se sentó frente a mí con una guitarra y me dijo que estaba nervioso. Eres el niño con el que puedo jugar y escaparme de lo absurdo de la sociedad, y el chico maduro que me enseña aquel cuarto nivel del que habló una vez mi profesor de antropología, aquel nivel en mi interior que ni yo misma conocía, y tenía escondido todo eso de lo que soy capaz. Y sí, porque me enseñas tantas cosas nuevas y me hiciste notar que soy capaz de amar. Y, sin querer, me exiges que madure, porque, aunque en verdad no lo hagas, sé que tengo que hacerlo para que todo esto sea cada vez mejor. Y hay momentos en que piso tierra y pienso en que debo ser muy cuidadosa y tomar en cuenta todo detalle. Porque esta vez (y, por primera vez en mi vida puedo decirlo) va en serio, esto no es ni parecido a cualquier otra cosa en el mundo, porque en nosotros encontré una relación pura e inocente que me genera ilusiones, tal y como la de unos niños, y a la vez, una relación seria que me plantea un proyecto de vida y me llama a madurar.
Me llama a madurar, sí, y me llama a vivir. A vivirlo todo a tu lado, sabiendo que contigo puedo bailar, jugar, saltar, correr, reír, llorar, dibujar... y es que siento que estás dispuesto a aprender nuevas cosas y enseñarme a mí otras, y esa es una de las miles de razones por las cuales eres la mejor compañía para todo. Jamás olvidaré aquel momento en el que cruzamos miradas mientras tocabas "Don't let me down" de The Beatles, o la primera vez que me dijiste "estás hermosa" sentados en un escalón de la calle a medianoche, y cómo bailamos la música que nos gusta, y es genial saber que, al mismo tiempo, podemos quedarnos una tarde viendo películas o comiendo dulces, o jugando cartas, qué sé yo, sé que podemos hablar durante horas sin cansarnos o ir a comprar ropa o torturarnos haciéndonos cosquillas, o ese increíble paréntesis en el tiempo en el cual mirábamos el techo mientras oíamos vinilos... mucho sería mencionar cada cosa que hacemos juntos, porque no alcanzaría aquí, aunque poco es escribirte esto, porque nunca me parecerá suficiente.
Pero como siempre, el escribir es una excusa para decir algo, y en lo poco que puedo expresar de esta forma, quiero darte gracias a ti, a Dios, al destino, a la suerte, al universo y a las coincidencias el haberte conocido. En especial a ti, por haberme permitido conocerte, y por ser tal cual eres, permitiéndome vivir cosas completamente nuevas. Como aquellas cosas que pasan desapercibidas ante los ojos de los demás, quizás una conexión a través de dos miradas, o tal vez el significado de arrancarse el orgullo del corazón.
¿Que si tengo enamorado? Más que eso, en realidad, más que eso.
domingo, octubre 14
Hola, mi nombre es Aixa
y me encanta, se lo pondría a mi hija si yo no me llamara así. La única cosa en mi vida que le ha ganado a mi flojera es el básquet. Me gusta mucho The Beatles. Pasé mucho tiempo diciendo "no tomo", pero ya no es así. No fumo. Viajé a Buenos Aires para cumplir uno de mis mayores sueños desde que escuché a The Beatles por primera vez. Odio cuando dicen odiar la hipocresía: todos hemos recurrido a ella. Si tuviera un deseo pediría comer mucho y no engordar. Prefiero un libro que la televisión. Prefiero el teatro al cine. Me gustaría dedicarme a los tres: cine, teatro y literatura. Pero estudio lingüística. Y sí, soy feliz con eso. Siempre lloro con los últimos capítulos de las series. Aún así nunca haya visto la serie antes. No he visto Toy Story 1 ni 2. No veo Friends, pero vi el último capítulo y, sí, lloré con él. Dos de las cosas que más detesto en el mundo son el maltrato animal y la discriminación. He tenido muchos perros en mi vida. No quiero hermanos, me gusta ser hija única. Le di la mano a un beatle. Una vez comí el mega más grande de KFC con sólo un amigo. Morgana es hermosa. Sí, yo hubiera votado por Jaime Bayly porque no me parecía peor que los otros payasos. Ya no me como las uñas. Siempre quise brackets y nunca los necesité. Me gusta la saga de Harry Potter, el queso, el verde y la gaseosa de naranja. Solía peinarme hasta que me di cuenta de que no me servía de nada. Creo que hay pocos genios en el mundo, algunos de ellos: Chespirito, The Beatles, Quino, Pelé. No me gusta el especial del humor pero sí la Paisana Jacinta. También me gustan los chocolates Vizzio. Me sé el diálogo de Shrek de memoria. En inicial, la profesora le dijo a mi mamá que era demasiado tímida. A la semana la llamó para pedirle que deje de hablar. No dudaría un segundo en volver al colegio. O bueno... creo que sí lo dudaría. Veo doble cuando miro hacia arriba y hacia abajo. Mafalda es genial y le gustan los beatles como a mí. Planeo vivir de lo que me gusta (aunque aún no sé bien qué es), y ser millonaria para continuar en eso. Un día decidí cambiar el básquet por Pataclaun: no duró mucho. La orquídea de mi fiesta de promo fue genialmente negra. Mi libro favorito es El mundo sin Xóchitl. Siempre que alguien habla de literatura debo meterme. Amo lo cítrico. En primaria siempre me sentaban rodeada de hombres porque dicen que conversaba mucho. En el trabajo me separan de un amigo porque dicen que converso mucho. La semana pasada aprendí que las sílabas de "mesa" son mes-a. Hace poco descubrí que le tengo miedo a las alturas. En primaria, en una clase de lenguaje hice reventar un empaque de mayonesa y bañé a muchos con ella. Tengo unas 4 amigas que son simplemente esenciales y necesarias en mi vida. Me gusta la gente con la que se puede tener conversaciones interesantes. En mi trabajo me dijeron que debo agradecer que me paguen mi sueldo puntualmente. Quiero viajar a Argentina, a Inglaterra y a Brasil. Me gustan las mandarinas y me gustaría retomar el citricismo que, irónicamente, endulzaba mi vida.
lunes, julio 23
Paul McCartney en Uruguay, Gracias Paul - por @JCastle14
Estuve leyendo unas crónicas sobre conciertos de Paul en Latinoamérica. Esta es una de las que más me conmovió. Es un post en Taringa, aquí el link: http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/14612446/Paul-McCartney-en-Uruguay_-Gracias-Paul.html
Resulta que el gran Paul McCartney a , desde pequeño gracias a mi viejo (que lamentablemente no esta mas aquí conmigo) desarrolle un gran fanatismo por los BeaTles...
Mi viejo me contó hasta el cansancio de la electricidad que recorrió su cuerpo cuando en los años sesenta, en esa heladería de Parque del Plata, escuchó los primeros acordes de Love me do.
Me compró, uno, dos, diez, veinte cassettes de los Beatles. Escuchamos juntos tantas veces sus vinilos, aquellos que guardaba en un modular abajo del tocadiscos del living, donde con mi hermano agarrábamos viejas raquetas de tenis y las disfrazábamos de guitarras para ser Lennon y McCartney. Me puedo acordar con nitidez de esas sesiones en las que el living de casa se convertía en la Caverna: nosotros sacudíamos los flequillos, mamá nos sacaba fotos y papá reía chasqueando los dedos al ritmo de She loves you.
A diferencia de mi viejo, yo nunca pude definir cuándo fue, ni qué sentí la primera vez que escuché a los Beatles porque por su culpa los tengo incorporados a mí ser desde siempre. Y si uno no sabe la primera vez que dijo mamá, papá o tío, en mi caso me es imposible determinar cuándo dije John, Paul, George y Ringo. Crecí con ellos.
Mirá papá lo que son las vueltas de la vida que el domingo tocó Paul McCartney en Montevideo. Sí, un beatle pisó nuestro suelo. Estuvo acá, en el mismo Estadio Centenario al que me llevaste tantas veces. Y lo fui a ver, claro. Cuando me enteré que venía le mandé un mensaje a mamá diciéndole que lo iba a ver y que vos ibas a estar conmigo. Y ella movió cielo y tierra y me consiguió las entradas para tener a Paul bien cerca, lo más cerca de los Beatles que íbamos a estar jamás. Fue su regalo para nosotros.
¿Y sabés qué? Pude recibir esa descarga eléctrica de la que me hablabas. Ahora yo también sentí que me atravesó un rayo cuando Paul salió a escena y arrancó con el you say goodbye an I say hello, hello, hello.
Era él, eran los Beatles, estaban parados ahí. Y era Paul haciendo gala de su humor beatle de siempre, tu humor. Y también sentí la misma electricidad cuando escuché el riff de Day Tripper, la sentí con Paperback writer, o cuando empezó a entonar el close your eyes de All my loving, esas canciones que vos y yo escuchamos cien veces con el ruido de la púa surcando el vinilo.
Pero no sé por qué te cuento todo esto si vos estuviste ahí conmigo, en cada canción. ¿Cómo no ibas a estar? ¿Te acordás que bailamos con Night before, que saltamos con Live and let die, que lloramos con Something? Hubo un momento, cuando se apagaron las luces del escenario y las tribunas se iluminaron con miles de celulares para acompañar el tarareo de Let it be.
Me compró, uno, dos, diez, veinte cassettes de los Beatles. Escuchamos juntos tantas veces sus vinilos, aquellos que guardaba en un modular abajo del tocadiscos del living, donde con mi hermano agarrábamos viejas raquetas de tenis y las disfrazábamos de guitarras para ser Lennon y McCartney. Me puedo acordar con nitidez de esas sesiones en las que el living de casa se convertía en la Caverna: nosotros sacudíamos los flequillos, mamá nos sacaba fotos y papá reía chasqueando los dedos al ritmo de She loves you.
A diferencia de mi viejo, yo nunca pude definir cuándo fue, ni qué sentí la primera vez que escuché a los Beatles porque por su culpa los tengo incorporados a mí ser desde siempre. Y si uno no sabe la primera vez que dijo mamá, papá o tío, en mi caso me es imposible determinar cuándo dije John, Paul, George y Ringo. Crecí con ellos.
Mirá papá lo que son las vueltas de la vida que el domingo tocó Paul McCartney en Montevideo. Sí, un beatle pisó nuestro suelo. Estuvo acá, en el mismo Estadio Centenario al que me llevaste tantas veces. Y lo fui a ver, claro. Cuando me enteré que venía le mandé un mensaje a mamá diciéndole que lo iba a ver y que vos ibas a estar conmigo. Y ella movió cielo y tierra y me consiguió las entradas para tener a Paul bien cerca, lo más cerca de los Beatles que íbamos a estar jamás. Fue su regalo para nosotros.
¿Y sabés qué? Pude recibir esa descarga eléctrica de la que me hablabas. Ahora yo también sentí que me atravesó un rayo cuando Paul salió a escena y arrancó con el you say goodbye an I say hello, hello, hello.
Era él, eran los Beatles, estaban parados ahí. Y era Paul haciendo gala de su humor beatle de siempre, tu humor. Y también sentí la misma electricidad cuando escuché el riff de Day Tripper, la sentí con Paperback writer, o cuando empezó a entonar el close your eyes de All my loving, esas canciones que vos y yo escuchamos cien veces con el ruido de la púa surcando el vinilo.
Pero no sé por qué te cuento todo esto si vos estuviste ahí conmigo, en cada canción. ¿Cómo no ibas a estar? ¿Te acordás que bailamos con Night before, que saltamos con Live and let die, que lloramos con Something? Hubo un momento, cuando se apagaron las luces del escenario y las tribunas se iluminaron con miles de celulares para acompañar el tarareo de Let it be.
Seguramente ahí me escuchaste cuando te agradecía a vos por los Beatles, y a Paul por venir hasta acá desde tan lejos, desde el primer rincón de mis recuerdos, y traerte un rato a cantar conmigo en una noche estrellada de domingo.
Gracias a su autor por ese lindo relato...
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reflexionando ;D,
sonríe :)
sábado, junio 16
martes, abril 24
Cosas que quise decir pero nunca le diría a un cliente...
1. no eres la única mesa del restaurante
2. decir gracias nunca está de más, no te hace menos que el mesero
3. servir tu comida no me vuelve tu sirvienta
4. si un mesero está atendiendo a un cliente, no pretendas que le dé la espalda porque tú lo llamaste
5. aprende a esperar, unos minutos, sólo unos minutos!!
6. no se vale pedir agua y zumo de limón, vendemos limonada, 10 so!
7. si cocina cierra a las 11 pm, es por algo, si ya terminaste de comer no hagas taaaanta hora
8. Ah! sí, en Navidad no abrimos porque, ¡oh! somos meseros y también personas con familia :')
9. estoy en "RAAAACH", no me llames desesperadamente para pedir y ponerte a pensar mil horas en qué vas a elegir recién cuando esté parada frente a ti
10. Peor aún, no me llames para pedir si vas a ponerte a hablar de otro tema mientras te veo con mi comanda y lapicero en mano
11. No, no quiero darte mi facebook ni que me recojas en la salida
12. ¿Que por qué no vendemos café? ...¿será que es porque es una restaurante de sushi?
13. AHHHH NO TE GUSTAN LOS MAKIS, aquí al lado hay una pizzería
14. NO, NO QUIERO BAJAR EL VOLUMEN A LA MÚSICA
A todo esto, durante todo este largo tiempo que no he escrito me han pasado muchas cosas. Una de las más relevantes es que tengo un primer trabajo: ser mesera.
jueves, agosto 11
Nadie me quita lo bailado... con Paul McCartney
Me desperté, ya sin fiebre. Incluso mi temperatura era de 36, lo cual es muy bajo según mi mamá. Comí una tostada, me bañé y me puse un polo con la foto de Paul y la frase "all we need is Paul", un jean con bolsillos grandes para poner adentro celular, cámara y baterías, y unas converse amarillas (tal vez no tenga importancia la ropa que usé, pero para mí todo lo que pasó ese día es completa y enteramente importante). Me senté en la mesa a hacer mi cartel con un plumón negro. Me quedé ahí. No estaba segura de qué ponerle. De lo que escriba ahí iba a depender que logre el sueño más loco de mi vida. Era todo o nada en ese cartel. Entonces, pensé que simplemente debía ser sincera "my dream is to dance with you". Ni más, ni menos.
Debía estar ahí a las 11 a.m. y, obviamente, llegar con tiempo por la multitud, el tráfico; es obvio, por si acaso. Entonces doblé el cartel sin dudar mucho, lo metí en mi morral morada junto con las pastillas que mi mamá había dejado al lado por si me sentía mal durante el día. Y listo. Eso era todo. Bajamos los 5 pisos de mi edificio y nos paramos al frente a esperar un taxi.
Entonces estaba sentada al lado de una ventana con mi mp3 casi reventándome los oídos. No lo sentía. Quería más volumen. De más está decir que escuchaba exclusivamente música beatle. Me sentía mejor que nunca. Era como si lo supiera, y eran los nervios de no saberlo. Pensaba en todo y en nada a la vez: pensaba en toda la gente que se alistaba para el concierto, pensaba en abuelos, padres e hijos alistándose, pensaba en los chicos del MMT, pensaba en llegar, pensaba en John, en George y en Ringo, y a la vez no pensaba en nada más que en Paul.
No me acuerdo si llegamos rápido o tomó mucho tiempo. Pero recuerdo que bajamos del carro y pisé tierra. Había mucha gente. Mi mamá y yo caminamos hacia el comienzo de la cola para preguntar qué debía hacer con lo de la prueba de sonido, por dónde entrar, a dónde debía ir. No sé, el punto es que el comienzo de la cola estaba muy lejos, entonces caminamos mucho. Nos mandaron hacia la puerta del estadio y cuando llegamos nos dijeron que volvamos, que la información de la prueba estaba por el final de la cola. Mi mamá se puso nerviosa porque perdíamos tiempo. Sin embargo, era temprano y la calmé. Volvimos al final y nos indicaron una especie de cabaña donde había un grupo pequeño de gente. Nos acercamos. Un cartelito decía "Soundcheck". Ahí era. Ahí tenía que estar yo.
Había gente muy agradable. Una señora venezolana; una pareja argentina, Silvia y Javier; una ecuatoriana, Johana; otra pareja argentina; un señor colombiano; otra peruana más, Evelyn. En fin, eramos un grupo. El grupo privilegiado. Empezamos a conversar y quedamos en algo: "todos estamos juntos, todos nos cuidamos, nos apoyamos". No existía, por ningún motivo, un aire competitivo y hostil. La idea era divertirnos juntos y que todo salga bien para todos.
Hicimos el chequeo y nos dieron los pases con nuestros nombres. Los colgamos en nuestros cuellos. Ya debíamos ir entrando. Ya debíamos recorrer ese camino largo que iba más allá del comienzo de la cola. Ese camino que era una pista vacía al lado de la inmensa cola, hasta la puerta del estadio. Mi mamá ya debía ir a la cola, y se despidió de mí con el rostro lleno de "sé lo importante que es esto para ti, Aixa". Me dijo "diviértete", pero fue un "diviértete" cargado de mucha energía. Energía positiva. Yo entendí detrás de esa palabra el verdadero mensaje: "sé que vas a bailar con él". Lo vi en sus ojos. Fue como si ella supiera que la siguiente vez que me vea (que sería en unas horas) mi vida habría cambiado por completo.
Mientras íbamos hacia la puerta por ese ancho camino de cemento, empezamos a conversar y terminamos yendo juntas Johana (ecuatoriana), Evelyn y yo. Y sí, ese camino fue el camino más eterno que pude seguir, fue mucho más importante que cuando caminé tímidamente al salón de la Católica a dar mi examen de admisión. Fue el mejor camino que pude pasar en mi vida. Caminamos mucho, pero ninguna casi lo sintió.
Entramos al estadio, tomando fotos, grabando videos. Haciéndonos amigas. Ya adentro, pudimos conversar con más gente. La pasé demasiado bien, todos eran buena vibra. Siempre lo digo: así es la gente beatle. Estábamos en un salón todo negro, con mesitas y sofás, y con música de The Beatles. Salvador Heresi, el alcalde de San Miguel, estaba por ahí. Me encontré con chicos beatle que conocía sólo por Facebook. Me reconocieron, los reconocí, y nos saludamos como cualquier amigo. Tomábamos fotos, nos reíamos, nos conocíamos.
La señora venezolana (por más que intento, no recuerdo su nombre) se encontraba sentada, inmóvil. Nos dijo que estaba completamente anonadada, pues después de todo el tiempo de escuchar a The Beatles y de todo el esfuerzo que le tomó comprar una entrada para Paul, no lo podía creer. Sé que no lo pueden entender, porque no puedo transmitir mediante un blog lo que esa señora me transmitió a mí. Pero tenían que haber visto sus ojos perdidos, sus sentidos perdidos en aquella música suave que invadía el cuarto. Es eso de saber todo lo que implica y significa ver a un beatle, y que esa música probablemente es el soundtrack de toda su vida.
Pasaron unos chicos con bandejas y nos ofrecieron, primero, unos rollitos de espinaca con queso derretido y jugo de maracuyá. Sí, así es, tal como lo leen. No lo probé porque como había estado mal esos días preferí no arriesgarme, sin embargo los demás me dijeron que sí estaba rico. Luego, pasaron Risotto al pesto, eso sí comí ya que la combinación no se veía tan extraña. Y bueno, ¡me encantó! Nos invitaron brochetas de verduras, muy ricas también. Como Paul promueve el vegetarianismo, no había nada de carne o pollo.

Entra Brian, la mano derecha de Paul, la persona más cercana (luego de su familia) a él, y nos dice que vayamos saliendo, que hagamos una cola.
Yo creo que en ese momento no sentía nada. Tipo... nada. Era nada. Porque toda mi ansiedad era opacada por la inmensa calma que el momento me transmitía. Porque mis nervios eran opacados por la gran felicidad. Porque... nada, todo era un sueño. Todo era neutro. Todo en mi organismo y en mis pensamientos encontró su punto de equilibrio.
Nos revisaron a uno por uno que no tengamos cámaras profesionales, que no tengamos armas y todas esas cosas. Luego entramos en fila de uno al estadio. Yo nunca había estado ahí, se veía tan bonito. Bajamos las gradas con cuidado y nos ubicaron en la segunda zona. Yo caminaba directo al punto al que debía ir, ni más ni menos.

Johana, Evelyn, Jorge y yo cogimos el medio. Johana puso una frazada (muy linda, por cierto) del Abbey Road colgando de la reja que dividía el campo. Jorge sacó un póster de Paul. Y yo saqué mi cartel. Conversábamos. Algunos se tomaban fotos con Brian y Shelly, su novia, quienes caminaban delante de nosotros. Yo ya no podía hacer mucho. Yo ya no conversaba mucho. Yo... yo sólo ya estaba ahí. Era todo.

Escuchamos que dos chicas de seguridad dijeron "en 4 minutos sale" y fueron los 4 minutos más largos de mi vida.
Entonces salió. Salió. Así no más. Como si entrara a la sala de su casa. Sólo salió. Sin luces, sin humo, sin un previo anuncio. Paul salió caminando, conversando, y todo el mundo aplaudió, gritó. Sentí que la señora venezolana lloraba, que se secaba los ojos. Lloró con sólo tenerlo al frente. Todos gritaban su nombre, con esa esperanza de que él voltee y tan sólo cruce una mirada contigo. Yo no grité. Yo lo miré. Y lo miré más. No quería perder un sólo segundo.
Se remangó la camisita celeste y dijo "Hello!". Todos gritaron "Hellooooooooo". Yo pronuncié un "hello" tembloroso. Y por fin grité. Paul dijo "Hello, Shelly!". Ella le respondió el saludo con la mano. Evelyn gritó "Hellooo Evelyn" y Paul la miró y la imitó con un sonido gracioso. "¡¡¡TE IMITÓ UN BEATLE!!!"
Y comenzó a cantar. Y comenzamos a cantar con él. Y comenzamos a bailar. A llorar. A vivirlo. Johana, Evelyn y yo cantábamos "we love you, Paul yeah yeah yeah" con la melodía de She loves you, cada vez que había un gran silencio.
Yo cantaba con tanta felicidad que casi había olvidado que tenía un cartel en las manos. Yo no pensaba "se me acaba el tiempo, ojalá que me suba". Yo sólo quería que nunca se acabe ese momento. Yo sentía que recién habían pasado unos segundos.
Paul vio el cartel de Johana y le preguntó "what do you want to sing with us on stage?". El público gritaba "besame mucho" y ella dijo "anything". Paul repitió "anything". Vio mi cartel, al lado y dijo "I think you wanna dance too!".
(Por cierto, lamento si no soy exacta acerca del momento, cuando un beatle está a unos metros de ti, tu cerebro colapsa y aunque intentes retener los momentos en recuerdos, es algo difícil.)
Miré a Johanna y le dije "¿escuchaste?", sí, señores, ya estaba temblando.
Sin embargo, Paul continuó cantando como si todo hubiera quedado ahí. ¡Pero no! pues luego de un par de canciones pronunció: "I'll sing with you on stage" le dijo a Johanna seguido de, no lo recuerdo bien, escucho la grabación pero no logro entender mucho lo que dice, pero es algo como "blablabla and I'll dance with you".
¿A mí? ¿A MÍ?
entonces escuché la frase que cambió mi vida:
"The three girls over there, come here"
con su dedito señálandonos. Ah. Lo que fue ese momento. Lo tengo grabado en mi retina, en mi mente y en mi corazón.
Evelyn, Johana y yo. Sí, sí, sí. Era a nosotras.
Escogidas por un beatle.
Solté el cartel y al caminar cayó en el suelo, y lo pisé, se rompió. Seguí caminando. Estaba atrás de Johanna y Evelyn que caminaron un poco más rápido. Brian se nos acercó y nos pidió que nos calmemos, que caminemos lento. Eso hicimos. Johanna le pidió a Brian que la agarre de la mano. Entonces caminamos. Mis lágrimas comenzaron a salir. Me refiero, era incontenible. Era ese llanto que sale sólo en algunas ocasiones. Me llevé la mano a la boca, la cubrí y lloré en silencio yendo hacia el escenario.
Subimos.
Había cables en el suelo. Las piernas me temblaban, aún recuerdo la sensación. Y no, no es una expresión, de verdad me temblaban. Estaba Brian Ray justo a nuestro lado. Con el respeto a sus fans, no me interesó. Levanté la mirada y estaba a unos tres metros quien me importaba. Estaba a tres metros por quien daría la vuelta al mundo para verlo dos horas más. Estaba a tres metros quien me canta todos los días al despertar y antes de dormir. Estaba ahí Paul McCartney, tocando Lady Madonna sentado al piano. Lo miré paralizada.
Se veía tan real.
Brian nos habló antes de acercarnos a él y nos dijo que estemos tranquilas, que no hagamos ninguna locura, que lo respetemos porque si hacíamos algo fuera de lugar nos iban a sacar del estadio. Lo dijo todo en buena onda, comprendiendo al mismo tiempo nuestros rostros (mi cara sobre todo JAJA) y nuestra emoción. La verdad, yo casi no escuché nada de eso porque apenas tuve a Paul tan cerca me quedé viéndolo sin perder un bendito segundo de ese momento.
Las piernas me temblaban más. Nunca me habían temblado así.
Evelyn volteó, me regaló una sonrisa magnífica y le dije "no sé cómo voy a bailar si las piernas me tiemblan demasiado". Entonces Brian nos interrumpió (la mejor interrupción de mi vida) y nos dijo "vayan, diviértanse".
Entonces caminamos en dirección a Paul. Lady Madonna ya había terminado. Yo no entiendo ese momento aún. Lo estoy escribiendo y mis ojos están rojos y llenos de lágrimas. Ha pasado casi un año, y recién me siento algo lista de escribir acerca de esto, y estoy acá con el corazón latiendo cada vez más fuerte al escribirlo. ¿Por qué? Porque sé todo lo que significó ese momento, porque no se trata sólo de ver a un artista y pedirle su autógrafo. Hubo muchas cosas detrás de ese suceso, detrás de ese sueño.
Lo vi.
Sé que sería genial explicarles lo que sentí, pero no encuentro las palabras.
Es Paul. Paul McCartney. No puede pasar un día sin que oiga su voz. Me enamoré de toda una leyenda, de una época, de toda la beatlemanía desde el primer instante en que oí Hey Jude, esa canción que absorbe todas mis energías cada vez que suena. Es Paul. La persona que cambia mis días y que genera en mí toda clase de sentimientos y sensaciones. Es la persona que siempre mantengo cerca a mí sólo con su voz, con sus melodías. Sólo eso. Su voz. Sus canciones.
Y ahora lo tenía ahí. En carne y hueso. Voz. Canciones. Carne y hueso. Él. Paul. Había soñado tanto con él que, quizás en mi subconsciente, lo consideré como una idea abstracta, fuera de este mundo, un mundo efímero. Y lo vi ahí, como una persona... normal, como un mortal; fue verlo dentro de este mundo, en mi mundo. Era real.
Ya había dejado de llorar. El momento era demasiado grandioso para derramar una lágrima.
Ya. Estaba ahí. Bajó el micrófono porque estaba muy alto para nosotras tres, que somos muy bajitas. Y le preguntó a Johanna y a Evelyn sus nombres y les dijo que se presenten con el público. Luego me vio.
Sí, esos ojos verdes se posaron en los míos.

Qué ojos tan grandes, y tan verdes. Me miraron. Me miró Paul McCartney. A los ojos. Esa es la imagen que quedó mejor grabada en mi retina, la tengo perfectamente guardada en mis recuerdos como si fuera una foto: su cara a unos centímetros de la mía, sus grandes ojos posados en los míos, un poco agachado para estar a mi altura, su impecable cabello castaño, su carita, los pliegues de su rostro, su camisa... dios mío, sus ojos posados en los míos.
Nadie me podía quitar eso. Nadie nunca me lo podrá quitar.
Me extendió la mano y le di la mía. "Hello". Le contesté. Me dio dos besos como saludo. DOS BESOS. Yo pretendía darle uno (por la costumbre) pero él se acercó para uno segundo. Si me mantuve consciente porque sabía que cada segundo iba a ser mejor.
Sentí demasiado respeto. Sé que fue por eso que no me lancé a abrazarlo y decirle "gracias". Fue porque haberle tocado la mano ya era demasiado regalo para mí. Fue porque no quería incomodarlo, porque quería respetarlo. Fue por eso que, sin darme cuenta, le dije todo, todo, en una mirada.
Entonces dijo "we are going to sing Get Back, ok?" Nos preguntó si queríamos esa canción. Obviamente. Cualquier canción. La que sea. Y nos dijo "ok and we are going to dance too!". Ahhhh. Decir que fue perfecto no es suficiente.
Cantamos. Nos miraba. Me miraba. Me miraba y cantaba conmigo, como si yo fuera John Lennon. Era cantar a dúo con él. Volteaba y sus hermosos ojos se dirigían a mí y cantaba y asentía. Y yo cantaba con él, y asentía con él, y lo miraba. Asentía como si yo hubiera compuesto la canción con él. Como mi cómplice. Como si me dijera "lo estamos haciendo bien".
Cantamos más. Yo cantaba cada vez más feliz. Y bailamos. Bailamos con él. Yo sentí una locura entre cuatro. Se puso como nosotras. Era Paul McCartney bailando igual que nosotras. No importaba nada más. Di vueltas. No me importaba nada. Prácticamente estaba flotando. Puse en práctica la hermosa frase "baila como si nadie estuviera viendo".
Fue perfecto.
Una amiga me dijo "¡imagina que te hubieras caído!". Incluso así hubiera sido perfecto. Quizás Paul me habría levantado (?. No lo sé. Yo sólo sé que con él ahí, nada iba a ser malo.
Y así fue. Terminamos de bailar, de cantar, y yo tenía tantas cosas en ese momento en la cabeza. Era como si quisiera aferrarme a ese momento que se iba de mis manos como se escapa la arena entre los dedos cuando la aplastas mucho con el puño. Y me acerqué a él (entienden, me acerqué a un beatle), no muy segura de qué hacer.
Tenía un plumón indeleble en mi bolsillo. Le pedí que me firme. Le mostré mi brazo, lo tocó. Y me dijo que sería mejor en el polo, para que no se borre. Buscó un lugar para firmarme pero mi polo, por delante, era todo estampado. Entonces cogió mi hombro y me firmó atrás.

Y, lo crean o no, disfruté cada milésima de segundo. Cada instante en el que ese plumón recorría mi espalda trazando su linda firma, empezando por la P...
Él caminó para su derecha y nosotras para la izquierda. Yo iba detrás de Johanna y Evelyn. Brian nos recibió antes de bajar. Quería que nos calmemos antes de volver a reunirnos con el público. Para variar, yo empecé a derramar lágrimas como no lo había hecho nunca antes. Johanna se sentó en el sueño porque no podía sostenerse. Brian me preguntaba "are you ok?" y yo asentía. ¿Si estaba bien? Mejor que nunca, por favor, tan bien que no hubiera querido estar en otro lado ni en otro momento por nada en el mundo.
Luego bajamos y todos los que estábamos en la prueba de sonido fuimos hacia la primera fila para esperar el concierto que sería para todos. La gente se nos acercó. Nos abrazaron, nos tomaban las manos. Nos tomaban fotos. Nos felicitaban. Henry me dio un abrazo muy fuerte, tenía en la cara una sonrisa tan sincera. Yo no podía dejar de llorar. Johanna se volvió a sentar en el pasto, no podía estar parada. Yo andaba de aquí para allá. Lloraba. Me hablaban. Lloraba. Nos tomábamos fotos. Jorge se quedó a nuestro lado todo el tiempo, muy feliz por nosotras también.
Le envié un mensaje a mi mamá que decía "BAILE CON EL MAMA". Así, exactamente así. Yo no podía hablar. Pasó un rato. Llamé a una amiga, una de las pocas que estuvo apoyándome desde el primer momento en que se rumoreó la venida de Paul, y luego de escuchar su "¿aló?" le dije "oye, bailé con él" y la poca calma que sentí que había conseguido se desvaneció y volví a llorar al teléfono mientras le hablaba. Se alegró mucho, me felicitó y le dije que debía colgar. Estaba demasiado tensa, shockeada, nerviosa, feliz, anonadada, etc. Colgué y recuerdo perfectamente la imagen de Evelyn que llamaba a alguien y gritó "bailé con Paul McCartneeeeeeeey" y comenzó a correr en círculos. Estupendo. Johanna seguía sentada, mirando a la nada.
La gente ya había comenzado a entrar. Nos preguntaban por Paul. Nos felicitaban algunos.
Fui al baño a quitarme el polo, ya que ahora ese polo ya no es simplemente un polo, sino EL polo y no quería sudarlo durante el concierto. Me lo quité, lo guardé en mi morral incaica, y me puse mi casaca. Salí y volví a mi lugar.
La gente seguía entrando y el estadio se llenaba cada vez más. Evelyn, Johanna, Jorge y yo nos sentamos a conversar. Nosotras estábamos como en otro mundo.
Mi vida acababa de cambiar, y el concierto recién iba a comenzar. Debíamos esperar un poco menos de 4 horas, pero... ¿esperar qué? ¿acaso había algo más de lo que acababa de suceder? Para la gente recién comenzaba esto. Para mí, puta madre, para mí, mi día estaba hecho, mi sueño, recién cumplido. Y aún me esperaban 3 horas más de concierto cerca de él. ¿Algo mejor que eso? No, no lo creo.
Cada vez había más gente y nos tuvimos que parar para asegurar bien nuestros sitios. La música de pre-show fue excelente. Nosotras seguíamos bailando, y cantábamos tan fuerte como podíamos. Era una fiesta, sí, eso era. Todos celebraban. Pasó Brian y nos dijo "you are Paul's official dancers!". Listo, cada segundo se ponía mejor.
Y ya. De un momento a otro, como suele ser, se apagan las luces, y al prenderse Paul sale al escenario. Sale, y vuelve a estar ahí, frente a mí, a un par de metros: primera fila, justo al medio, la mejor posición.
Y saluda al público. Saluda a Perú.
Y entonces pronunció la frase que resumió toda la travesía que pasé desde aquel momento, en el 2008, en que me mandaron un mensaje al celular que decía "dicen que va a venir uno de los beatles a Lima"...
"Por fin estoy en Perrú"
Y al escuchar esa frase, en menos de un segundo, mi cabeza tuvo mil flashbacks, como ya mencioné, desde aquel instante en que recibí ese mensaje al celular, cuando enviaba mensajes a los empresarios, cuando buscaba noticias, cuando tomé un avión destino a Buenos Aires para buscarlo, cuando El Comercio desmentía y confirmaba rumores, cuando vi la conferencia de prensa, cuando confirmaron su concierto en Lima oficialmente, cuando vi el video de Paul que decía "amigos de Perrú", cuando salí a las 3 am a hacer cola para comprar las entradas, cuando tuve la entrada en mi mano, cuando salí de clases para conseguir la entrada al soundcheck, cuando escribí mi cartel, cuando soñaba todos los putos días con conocerlo y poder darle las gracias, día a día, cuando por fin lo tuve, ese mismo día al frente de mí y pude tocarle la mano... todo todo se resumió en verlo tan cerca de mí diciendo "por fin estoy en Perú"... Sí, Paul, por fin. Todo lo que sentía en mi corazón era un gran "por fin".
Sentí que él sabía lo importante que era para esas 50 mil personas tenerlo ahí. Que así como yo pasé por muchas cosas para verlo, miles de personas más también lo hicieron.
Y comenzó una melodía que no reconocí. Que, creo, nadie reconoció. Y después de un segundo se convirtió en Hello Goodbye, grité muchísimo, era Hello Goodbye. Hacía unos días le había dicho a Marco "no creo que la toque... pero ojalá". Y todos gritaron. Creo que nadie se lo esperaba. Por dios, ¡era Hello Goodbye!
Y cantamos como locos.
Paul nos miraba a Johanna, a Evelyn y a mí. Sí, ya sé, seguro miraba a todo el mundo. Pero no, a nosotras nos miraba de una manera especial. Nos miraba porque sabía que éramos nosotras. Asentía la cabeza, y cantaba con nosotras. Le mandábamos besos. Sus ojos se posaban en nosotras. Nos miraba. Nosotras le mandábamos más besos y él nos ponía gesto de agradecimiento. Y nos miraba. Sí sí sí sí, nos miraba. Nos cantaba.
Y así seguía lo que fue y seguirá siendo el mejor concierto de mi vida...
En Live and let die, los fuegos artificiales fueron espectaculares, el fuego que salía del escenario me quemó la cara. Sí, sentí el calor, la energía de esa canción en mi cara. Quemó.
Fue excelente. Salté, bailé, canté, grité, le mandé besos, reí, lloré, lo miré y lo miré hasta que tocó The End y se despidió. Y desapareció. Y de un momento a otro ya no estaba ahí.
Fue el mejor concierto de mi vida. El mejor. El mejor día de todos.
Para salir, me encontré con mi mamá y nos fuimos con Jorge, Evelyn y Johanna. Recorrimos el largo camino de regreso junto a toda la gente, y cuando vimos un poco de ciudad, buscamos algún sitió para comer. Moríamos de hambre. Nos metimos a una pollería, Pardos creo que era, y estaba repleta. Toda la gente había salido con hambre, al parecer, y todos los sitios se veían muy llenos. La lista de espera no era muy grande así que nos quedamos. Pedimos pollo a la brasa pero se había terminado (sí, así de llena estaba), así que pedimos pollo a la plancha.
Eran tipo 2:30 am o más, me imagino, y caminamos un poco más para conseguir un carro.
Y así fue. Volví a mi casa. Me senté en el sofá verde de mi sala y pensé "bailé con Paul McCartney". Saqué mi polo, lo contemplé y me quedé inmóvil con los ojos llorosos.
Se había terminado.
Al día siguiente la gente del cole, de la cato, de Argentina (MMT), y de distintos lugares, me felicitaban y me mostraban la alegría que sentían por mí. Estoy tan agradecida con cada uno de los que me dijeron algo acerca de aquella experiencia. Tener amigos como ustedes, que se hayan alegrado tanto por mí, hizo que todo sea aún más perfecto. Lo primero que pensé fue "puta madre, estoy rodeada de la mejor gente de todo el planeta" -y no rodeada física, sino sentimentalmente-, de verdad gracias por todas esa buena vibra que me mandaron, hicieron que todo sea más hermoso.
Sé que en ese momento a veces respondí cortante, y a casi nadie -sólo a mi mamá y a dos amigas en persona- le conté con detalles lo que había pasado. Lo que sucedía era simplemente que me encontraba en shock. No pude relatarlo por msn, ni por skype, ni por teléfono cuando alguien me quería llamar para que le cuente.
Sencillamente no sabía cómo reaccionar, no sabía qué contestar. Acababa de estar con un beatle. Y sólo sentía tremendo momento tan cerca de mí y todo el cariño con el que me trataban mis amigos y cómo es que compartían esa felicidad conmigo. Una amiga me dijo que parecía mi cumpleaños, y sí, era verdad. No lo había notado hasta que me lo mencionó. Estaba demasiado agradecida con Paul, con ellos, con mi familia, con la vida. Mucho para este corazonsito.
Y después de 11 meses me atrevo a escribir sobre ese maravilloso 9 de mayo, un lunes, y mis lágrimas han caído con algunos de los párrafos que acaban de leer. Escribir es recordar y recordar es volver a vivir...
Como me dijo Omar, "todo fue mágico y, lo mejor de todo, fue real".
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